COLOMBIA (Pulso) — Confirmado. El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia dejó al menos 289 muertos y 4.187 heridos, según fuentes citadas por El Nacional.
Los departamentos de Chocó y Valle del Cauca, así como la región cafetera, concentran la mayor parte de los desaparecidos. Decenas de familias perdieron sus hogares. Pereira figura entre las ciudades más afectadas.
La respuesta no vino del aparato estatal. Vino de los vecinos.
Alejandro Giraldo, propietario de una cafetería en Pereira, coordina recolección de equipos de construcción, alimentos no perecederos y compresas desde Popayán. La iniciativa SOS Chocó, liderada por activistas locales, envía diariamente dos camiones y una aeronave ligera con medicinas, alimentos y suministros de construcción. Helena Valencia, organizadora del proyecto, confirmó apoyo desde Cali, Cartagena y Barranquilla.
En Bogotá, cuatro centros oficiales de recaudación acumularon 344 toneladas de donaciones. El sitio principal opera en el estacionamiento de un estadio.
El Instituto Nacional de Salud (INS) confirmó que los 82 bancos de sangre del país alcanzaron su máxima capacidad esta semana.
Médicos, psicólogos, ingenieros y abogados viajan a las zonas afectadas. Artistas como Karol G encabezan conciertos benéficos. Figuras del fútbol como John Arias y James Rodríguez también lanzaron iniciativas de ayuda.
Maifer Lucía, estudiante de medicina en la Universidad de Antioquia, resumió el sentir colectivo: «Si no salvamos a los nuestros, nadie más lo hará».
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Esto es lo que se sabe. La imagen es clara: la libre empresa y la sociedad civil colombiana reaccionaron antes y con más agilidad que el Estado. Giraldo, Valencia y decenas de voluntarios no esperaron decreto ni licitación. Organizaron, cargaron y enviaron.
Chocó, históricamente postergado por el gobierno central, vuelve a depender de la solidaridad privada para sobrevivir. El dato de los bancos de sangre al tope no habla de burocracia eficiente; habla de ciudadanos que actuaron solos. En Colombia, como en tantas emergencias, el mercado de la solidaridad supera al Estado en velocidad y en voluntad.



