COLOMBIA (Pulso) — Bogotá. Confirmado: el presidente Abelardo De la Espriella pisó este viernes por primera vez la Casa de Nariño. Lo hizo junto a su esposa, la primera dama Ana Lucía Pineda.
El mandatario compartió un video del recorrido en su cuenta de X. «Estamos comenzando juntos una nueva etapa de nuestras vidas, al servicio de Colombia», escribió.
El gesto marca un giro. El 26 de julio, antes de asumir, De la Espriella había anunciado que no despacharía desde ese palacio. Su plan era convertirlo en museo y gobernar desde el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, con Barranquilla como ciudad alterna.
Para eso se acondicionó una instalación militar en esa ciudad. La apuesta era gobernar desde las regiones.
La realidad impuso otro ritmo. Un terremoto de magnitud 7,2, ocurrido al tercer día de su mandato, lo obligó a despachar varios días desde Bogotá. El Palacio de San Carlos resultó poco práctico: carece de las facilidades de comunicaciones y seguridad de la Casa de Nariño, que además cuenta con helipuerto.
«Cada paso por esta Casa nos recuerda la enorme responsabilidad que tenemos por delante», dijo el presidente en su mensaje.
En desarrollo: los medios locales ya anticipaban esta semana que el mandatario reconsideraba su decisión inicial.
El viraje confirma un principio elemental de gestión pública: la infraestructura que ya funciona no se descarta por simbolismo. La Casa de Nariño existe, está equipada y opera con estándares de seguridad probados. Insistir en una sede alterna, con instalaciones adaptadas a última hora, exponía la continuidad del Ejecutivo justo cuando el país enfrentaba una emergencia sísmica.
Que De la Espriella corrija el rumbo cuando los hechos lo exigen, sin aferrarse a un anuncio de campaña, es la clase de pragmatismo que distingue a un gobierno que prioriza resultados sobre gestos.



