MEXICO (Pulso) — El director de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), Terry Cole, elogió al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, García Harfuch, durante una reunión celebrada en Argentina. Lo calificó de «socio de confianza» y «buen amigo de Estados Unidos», según consigna un columnista de El Financiero.
García Harfuch presentó carpetas sobre colaboración bilateral en narcotráfico. Destacó la disminución de homicidios dolosos y el cierre de laboratorios de fentanilo, de acuerdo con la misma fuente.
La presidenta Sheinbaum reaccionó con distancia. Afirmó que Cole tiene «doble discurso»: semanas antes había señalado vínculos del gobierno con el crimen organizado. Reveló además que ella estuvo en contra de enviar representante a Argentina, pero fue convencida por integrantes del gabinete de seguridad nacional.
En paralelo, Estados Unidos canceló la visa de Andy López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador. Sheinbaum calificó el hecho primero como «tema personal» y luego como «acto injerencista». Gobernadores, políticos y la estructura de Morena se unieron en rechazo al que llamaron «agravio nacional».
El columnista señala que la cancelación de visas a políticos mexicanos los asocia, en la percepción pública, con vínculos al narcotráfico o escándalos de corrupción. Apunta que Trump «quiere más» y busca «desmantelar los cárteles y aprehender a los narcopolíticos mexicanos», con Rubio como «instrumentador».
Pulso Global observa: el episodio expone la fragilidad del oficialismo ante Washington. Sheinbaum no puede celebrar la cooperación en seguridad y al mismo tiempo denunciar injerencia; las dos posturas se anulan. El aparato de Morena, en cambio, ya eligió el relato nacionalista. La visa cancelada al hijo de López Obrador es una señal de que el gobierno de Trump opera con criterios propios, independientemente de los elogios protocolares de la DEA. Para México, la ingenuidad diplomática tiene costo real.



