PERU (Pulso) — Diez puentes vehiculares de Lima presentan deterioro crítico. Así lo reveló un reportaje del dominical Cuarto Poder. Las estructuras muestran daños por falta de mantenimiento, antigüedad, tránsito pesado y factores climáticos.
El puente Chillón, en Lima norte, tiene 74 años de antigüedad. Técnicos de Rutas de Lima advirtieron sobre corrosión generalizada en pilares, estribos y vigas. También reportaron fierros expuestos y orificios en la estructura. El flujo logístico hacia el megapuerto de Chancay agrava la presión sobre el puente.
Desde 2021, documentos técnicos de la Municipalidad de Puente Piedra recomendaron el reemplazo inmediato del Chillón. La razón: ya cumplió su vida útil y no ofrece garantías ante un sismo. Provías Nacional, según Cuarto Poder, no consideró sustentados esos informes.
Jaime Lominchi, gerente de Gestión de Riesgo de la Municipalidad de Puente Piedra, declaró a Cuarto Poder: «Hemos enviado documentos al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, quien ha derivado a Provías Nacional en noviembre del año pasado, a la Sutran, a la Fiscalía de Prevención del Delito».
El puente Ricardo Palma, en Huarochirí, presenta rajaduras de más de un metro y medio, perforaciones que permiten ver la luz a través de la pista y reparaciones precarias. En Chaclacayo, el puente Los Ángeles exhibe grietas y problemas de socavación. El puente Javier Pérez de Cuéllar, que conecta Chaclacayo con Huampaní Alto, muestra concreto desmoronado y sectores sin barandas. El puente Santa Clara suma perforaciones en el tablero metálico y bloques desprendidos. El puente Tumi fue clausurado por las grietas que presenta.
Especialistas consultados por Cuarto Poder advierten que estas estructuras enfrentarán desafíos mayores ante lluvias intensas, crecida de ríos o un terremoto.
El patrón es claro: alertas técnicas documentadas, derivaciones interminables entre organismos estatales y cero ejecución. Cada oficio enviado al MTC o a Provías Nacional es un escalón más en una burocracia que posterga lo urgente. El costo de esa inacción no lo paga ningún funcionario; lo pagan los ciudadanos que cruzan esos puentes cada día. Lima no puede permitirse esperar al desastre para actuar.



