VENEZUELA (Pulso) — Este lunes se cumplen dos meses de la tragedia que golpeó al estado La Guaira y sectores de Caracas. Así lo documenta una columna publicada en La Patilla, firmada por Marcano.
El autor visitó las zonas afectadas. Lo que encontró contradice el relato oficial. Familias viven en carpas. Usan baños portátiles. Esperan respuestas que no llegan.
«Limpiar la casa no significa haberla reconstruido», escribe Marcano. Edificaciones comprometidas siguen sin intervención. Comunidades enteras permanecen en condiciones precarias.
Según el texto, han sido vecinos, familiares y organizaciones independientes quienes asumieron tareas que corresponden al Estado. La coordinación institucional, según el autor, brilla por su ausencia.
Marcano señala también la economía local. El turismo, el puerto y el aeropuerto son vitales para La Guaira. Reactivarlos es necesario. Pero, según el autor, no puede hacerse «sacrificando la atención social ni sustituyendo la planificación por la urgencia de mostrar resultados».
Sobre la cooperación internacional, el texto es directo: «Cuando una tragedia supera las capacidades nacionales, pedir ayuda no representa una debilidad; representa sensatez». Marcano exige transparencia sobre el destino de los recursos.
Dos meses después, no hay cifras oficiales verificables sobre viviendas reconstruidas ni familias reubicadas. Las fuentes disponibles no aportan esos datos.
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Lo que describe Marcano es el patrón clásico del Estado que prioriza la imagen sobre los resultados. El aparato oficial muestra vías despejadas y escombros retirados. Mientras tanto, las familias siguen en carpas. Eso no es reconstrucción: es maquillaje.
Venezuela necesita ayuda técnica y financiera externa. Pero esa ayuda requiere mecanismos de transparencia que el régimen históricamente ha bloqueado. Sin rendición de cuentas, los recursos desaparecen. Y quienes lo perdieron todo, siguen esperando.



