UCRANIA (Pulso) — Un dron ruso alcanzó este viernes la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). El edificio está en la calle Volodymyrska, en el centro de Kiev, frente a la catedral de Santa Sofía.
El presidente Volodímir Zelensky confirmó el impacto. Aseguró que el objetivo era la oficina del jefe del organismo, Oleksandr Poklad.
El ataque dejó al menos cinco heridos, según los primeros reportes ucranianos. Informaciones posteriores elevaron esa cifra. Equipos de emergencia trabajaban en la zona tras la explosión, que generó una columna de humo visible sobre la capital.
El SBU es uno de los principales centros de inteligencia del Estado ucraniano. Ha tenido un rol central durante la guerra. El golpe directo muestra que Moscú aún alcanza blancos sensibles dentro de una capital fuertemente protegida.
El episodio ocurre en medio de una escalada aérea. Rusia intensificó sus ataques en los últimos días. Ucrania, por su parte, sigue golpeando instalaciones energéticas rusas.
Zelensky condenó el ataque y anticipó una respuesta ucraniana. El canciller Andrii Sybiha pidió condenas internacionales y más presión sobre Rusia.
El ataque coincide con gestiones diplomáticas de Estados Unidos. Enviados estadounidenses tienen previsto reunirse con Moscú y Kiev en los próximos días. Zelensky planteó incluso una posible pausa en los bombardeos durante esas conversaciones.
En desarrollo.
El golpe a la sede de inteligencia ucraniana confirma algo que la diplomacia todavía no logra torcer: la maquinaria militar rusa sigue activa aun cuando Washington busca sentar a las partes en la mesa. Mientras eso ocurre, Zelensky se ve obligado a negociar bajo fuego directo sobre su propio aparato de seguridad.
La señal es clara para cualquier proceso de paz: sin una posición de fuerza real y garantías verificables, cada ronda diplomática corre el riesgo de ser saboteada por hechos consumados en el terreno.


