BRASIL (Pulso) — Renan Santos, 42 años, irrumpe en la carrera presidencial brasileña con una fórmula poco ortodoxa. Según la fuente, él mismo la describe como un 25% anti-Lula, 25% anti-Bolsonaro, 25% admirador de Bukele y 25% simpatizante de Milei.
En julio alcanzó el 9% en una encuesta de Real Time Big Data. Los sondeos más recientes lo sitúan entre el 3% y el 4%. Aun así, aparece por delante de Ronaldo Caiado, exgobernador de Goiás, y de Romeu Zema, actual gobernador de Minas Gerais.
Su plataforma combina liberalismo económico, conservadurismo, nacionalismo y discurso de mano dura contra el crimen. Admira a Milei por sus reformas y a Bukele por su política de seguridad, según la fuente.
Su trayectoria arranca en las movilizaciones de 2013 bajo el lema «el gigante despertó». En 2014 cofundó el Movimiento Brasil Libre (MBL). Santos se atribuye haber coordinado el Comité del Impeachment que culminó con la destitución de Dilma Rousseff en agosto de 2016.
En 2023 creó el partido Missão. Una investigación de Agência Pública documentó que algunas posiciones de integrantes del partido estarían relacionadas con posturas de ruptura institucional, autoritarismo o nazismo, según la fuente. El partido ha sido descrito por sus críticos como de extrema derecha.
Su principal herramienta es Instagram. Utiliza lenguaje provocador y directo. Ha recorrido Brasil en automóvil abordando violencia, favelas, embarazo adolescente y falta de oportunidades juveniles.
Desde la línea editorial de Pulso Global, el fenómeno Santos ilustra algo más amplio: el agotamiento del electorado con aparatos políticos que no resuelven inseguridad ni estancamiento económico. Un candidato que cita a Milei y a Bukele como referentes capta una demanda real de resultados. El desafío es si esa energía antisistema puede traducirse en votos suficientes para disputar el poder, o si quedará como termómetro del malestar sin capacidad de cambiar nada.



