ARGENTINA (Pulso) — El viaje de Sergio Massa y Malena Galmarini a Barbados no generó turbulencias internas. Así lo confirmaron fuentes del Frente Renovador a La Nación.
El traslado se realizó entre el 13 y el 19 de agosto. La aeronave fue un Gulfstream G-500 propiedad del empresario Francisco De Narváez. La salida fue desde Uruguay; el regreso, vía Paraguay.
«Nadie le dijo nada. Todos saben que es reamigo de De Narváez», afirmó una fuente cercana a Massa, según el medio.
El motivo declarado: el 30 aniversario de casados del matrimonio. Los acompañantes fueron cinco personas. Entre ellos, Daniel Guerra, vicepresidente del club Argentinos Juniors, y su esposa Andrea Mirón. También viajaron el concejal del Frente Renovador en San Martín, Andrés Ceriani, su esposa Analía Martín, y Andrea González Iturbe, viuda del exjefe de campaña de Massa en Tigre.
Un dirigente bonaerense del massismo fue directo: «Fue solo un viaje de vacaciones cortas a una playa. Se merecía descansar porque venía fusilado. El viaje se lo regaló El Colo De Narváez, como hizo algunas veces en campaña».
En San Martín, distrito de origen de Massa, el episodio sí tuvo algún eco. Según fuentes distritales, el viaje fue «chicana para los concejales oficialistas» en la previa de una reunión de la Comisión de Hacienda del Concejo Deliberante. Ceriani presidió esa comisión hasta el año pasado. «Hubo algo interno, pero no desmedido», precisó una fuente.
Massa y De Narváez tienen historia política compartida y también enfrentamientos. En 2013 compitieron en veredas distintas. En 2015 tuvieron una alianza breve que no prosperó.
Lectura de la casa. Que un exministro de Economía y excandidato presidencial viaje en avión privado de un empresario sin que su propio partido pestañee dice algo sobre los estándares de la política argentina. El dato no es el viaje: es la naturalidad. En cualquier sistema donde la opinión pública exige rendición de cuentas, la pregunta sería obligatoria. Aquí, según las propias fuentes del massismo, «no se habló nada».



