ARGENTINA (Pulso) — Buenos Aires — Javier Milei reapareció esta semana tras diez días de aislamiento en Olivos. Lo hizo con tono combativo y sin concesiones.
El jueves habló en el hotel Alvear, ante el Council of the Americas. El viernes, en Rosario. Según la fuente, ambos discursos los preparó él mismo, sin intervenciones ajenas.
El contraste con su equipo fue inmediato. La mesa política, presidida por Karina Milei, había decidido limitar el reformismo del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, tras la derrota legislativa por la extranjerización de tierras y el conflicto sindical que paralizó los puertos.
Milei ignoró esa señal. Respaldó a Sturzenegger con lenguaje directo: «Cuando ustedes vean a un sorete, a una mierda humana, criticando a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario, a un chorro y a un corrupto», dijo según la fuente. «¡Vamos por más!», agregó.
Sobre la economía, Milei rechazó hablar de «la gente que no llega a fin de mes». Calificó esa expresión de «estupidez». Anunció que planea hacer un recital para festejar que la inflación de agosto «empiece con cero».
La fuente precisa que el dato que Milei celebra es el 0,8% de inflación mayorista de julio. Ese índice ya estuvo más bajo en el pasado sin que eso se reflejara en el índice minorista.
El lunes, en el acto de homenaje a San Martín, leyó un texto preparado por la oficina de discursos que tutela Santiago Caputo. La frase «si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor» fue interpretada como autocrítica. Milei no quedó conforme con esa lectura, según la fuente.
Patricia Bullrich se sumó al concepto: «Lo que necesitamos es más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana», escribió.
Lectura editorial. El respaldo público a Sturzenegger es una señal clara: Milei prioriza la desregulación y la libre empresa sobre el cálculo electoral de corto plazo. Eso es exactamente lo que un gobierno de ajuste necesita sostener cuando la presión de los intereses creados arrecia. La tensión interna no es una debilidad estructural; es el precio de reformar en serio.



