ARGENTINA (Pulso) — Javier Milei volvió a vincular la caída de la natalidad en Argentina con la legalización del aborto. Lo dijo en su disertación ante el Council of the Americas 2026.
«Esa pasión por asesinar niños en los vientres de sus madres nos está costando caro en términos de crecimiento económico», afirmó el mandatario. Agregó consecuencias sobre el sistema previsional.
Los datos oficiales contradicen esa relación causal. La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se aprobó en diciembre de 2020. La caída de la natalidad, según Ministerio de Salud y RENAPER, viene desde 2012, ocho años antes.
En 2024 hubo 402.474 nacimientos, último dato de RENAPER. Es casi 11% menos que en 2023. Y 47% menos que en 2012.
La tasa bajó de 19 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2012 a 9 en 2024. Es el valor más bajo registrado.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. Sobre 195 países analizados por Naciones Unidas, solo tres muestran aumento en 15 años: Alemania, Singapur y Uzbekistán.
El dato de fondo, según el análisis, es estructural. Hoy son 12,8 millones los trabajadores activos que sostienen un sistema previsional con base cada vez más angosta. La informalidad laboral llega a 43,2%.
La expectativa de vida subió de 67 años en los 70 a 77 en 2024. Más jubilados, menos aportantes: la ecuación que presiona las cuentas públicas.
El verdadero desafío para el sistema previsional argentino no es ideológico, sino aritmético: menos nacimientos, más informalidad y más años de vida jubilada. Ese combo, no una ley puntual, es el que exige reforma estructural y no relatos que simplifiquen la causa. Confundir el diagnóstico retrasa la solución de mercado que el sistema necesita.



