ARGENTINA (Pulso) — Confirmado. Un grupo de diputados y senadores opositores viajará a Brasil entre el martes y el jueves próximos. La agenda central es el miércoles.
La delegación confirmada incluye a Ferraro (Coalición Cívica), Paulón (socialismo), Lousteau (radicalismo), Herrera Ahuad (Innovación Federal) y Falcón (MID). Se prevé la incorporación de Moreau y Germán Martínez, del peronismo.
Según Massot, de Encuentro Federal, la comitiva se reunirá con la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño, presidida por el senador Trad. También visitará la Cancillería en el Palacio de Itamaraty y representantes de la Presidencia en el Palacio del Planalto.
Massot declaró a Infobae que los partidos representan «el 60% de las bancadas del Parlamento argentino» y «no comparten ni respaldan» la postura de Milei. El objetivo es transmitir ese mensaje al gobierno y al pueblo brasileños.
La crisis se desató a fines de julio. Milei participó en San Pablo de la convención del Partido Liberal y llamó a Lula «presidiario». Brasil retiró a su embajador Bitelli de Buenos Aires. En agosto, Milei redobló las críticas, llamando a Lula «ladrón» y «corrupto». Brasil degradó el vínculo al nivel de encargado de negocios. El embajador argentino Raimondi debió regresar a Buenos Aires.
Massot presentó un proyecto de declaración en Diputados. El texto repudia los insultos, insta a conformar la Comisión Bicameral Argentino-Brasileña y cita al canciller Quirno ante el Congreso. El oficialismo bloqueó el tratamiento.
El diputado advirtió que la industria automotriz argentina «depende en gran medida del acuerdo con Brasil» y recordó que Petrobras abasteció al país de gas en 2024 ante una emergencia energética. «Somos los débiles de la relación, no los fuertes», sostuvo.
Desde Pulso Global: la maniobra opositora es, en los hechos, una diplomacia paralela que socava la autoridad del Ejecutivo en política exterior. El daño bilateral es real y los costos los paga la libre empresa argentina. Pero legisladores que viajan a desautorizar a su propio presidente ante un gobierno extranjero también ponen en juego la coherencia institucional del Estado. El principio en tensión es claro: sin una voz soberana y unitaria, ningún país negocia desde la fortaleza.



