COLOMBIA (Pulso) — Tolima lleva varios días bajo incendios forestales. Los focos activos suman 304 en 30 municipios, según fuentes oficiales. Las llamas ya consumieron más de 30.000 hectáreas.
En ese escenario opera Sergio Alejandro Paz. Rescatista con 25 años de experiencia. Llegó desde Bogotá al departamento hace más de dos décadas. Hoy trabaja junto a un equipo de bomberos tolimenses.
El caso más reciente: una boa constrictor hallada con quemaduras graves en El Caimito, municipio de Coello. Paz aplicó medidas de emergencia con agua y otros elementos. La serpiente podría perder escamas; el proceso natural de muda las reemplazaría.
Paz rescata culebras, zarigüeyas, venados, marsupiales e iguanas. También atiende fauna de granja desplazada por el fuego. «Todos los animales sufren por los incendios forestales: tanto la fauna silvestre como los animales de granja», dijo en entrevista con Noticias Caracol.
El rescatista lanzó una advertencia directa a los habitantes. «Cuando un animal llegue a su casa y no sea de su agrado, como una serpiente, un murciélago o una araña; por favor, llámenos», señaló. «Nosotros vamos y hacemos el debido manejo de esa especie».
Sobre el origen del desastre, la gobernadora Matiz y el presidente De la Espriella señalaron que se cree que podrían existir «manos criminales» detrás de los incendios. El Ejército activó vuelos nocturnos y desplegó más de 310 soldados en la zona.
Paz advirtió que aún no se sabe cuándo comenzarán a recuperarse los bosques. Tampoco cuándo será posible reinsertar en su hábitat a las especies rescatadas.
La emergencia en Tolima expone el costo real del desorden: ecosistemas destruidos, fauna desplazada y ciudadanos que deben suplir con voluntad lo que el Estado no alcanza a cubrir. Paz y su equipo son hoy la primera línea de protección de un patrimonio natural que, si se confirma la hipótesis criminal, habría sido sacrificado por acción deliberada. El principio es claro: sin estado de derecho, ni la fauna ni la inversión ni la propiedad están a salvo.



