VENEZUELA (Pulso) — Confirmado. La Casa Blanca detalló este lunes las condiciones del acuerdo petrolero con Venezuela.
El pacto otorga a Estados Unidos control sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. La cifra amplía las reservas territoriales estadounidenses, hoy estimadas en 46.000 millones de barriles.
El acuerdo fue firmado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Venezuela otorgó a North American Blue Energy Partners (NABEP) concesiones por 100 años sobre 17 campos petroleros. La empresa prevé invertir hasta 100.000 millones de dólares en infraestructura.
La Oficina de Capital Estratégico del Pentágono recibe 35% de la empresa matriz de NABEP. Según la Casa Blanca, esa participación generará dividendos «sin representar costos para sus contribuyentes».
El Departamento de Estado obtuvo derecho a comprar al costo el 20% de la producción actual y futura. Además, tiene opción de compra sobre el 80% restante en escenarios de emergencia energética.
Washington tendrá poder de veto sobre la junta directiva de NABEP. La mayoría de sus miembros deberá ser ciudadana estadounidense. El marco legal queda sometido a tribunales de Estados Unidos.
Para Venezuela, el pacto prevé cerca de 200.000 millones de dólares en regalías e impuestos durante los primeros 25 años. La Casa Blanca calificó ese ingreso como «crucial» para la reconstrucción del país.
El documento subraya que varias de las áreas asignadas estaban antes bajo influencia de empresas rusas y chinas. Washington dijo haber restablecido la Doctrina Monroe para desplazar a esas potencias del hemisferio.
En desarrollo. China ya exigió que se protejan sus intereses en Venezuela tras el anuncio.
El diseño del acuerdo revela una lógica de mercado poco común en la región: Washington obtiene control estratégico y dividendos sin gasto fiscal directo, mientras impone reglas propias sobre gobernanza corporativa. Para la administración Trump, el mensaje es doble: recuperación de la Doctrina Monroe frente a Rusia y China, y prueba de que la energía puede financiar geopolítica sin tocar el bolsillo del contribuyente estadounidense.



