Confirmado. Irán amplió su ofensiva contra Estados Unidos. Atacó instalaciones militares en Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.
Con estos ataques, Teherán extendió su ofensiva a cinco países de Medio Oriente: Jordania, Bahréin, Irak, Emiratos y Kuwait.
El ejército iraní confirmó un objetivo: la base aérea de Al Minhad, en Emiratos. Según la televisión estatal iraní, misiles y drones alcanzaron sistemas de radar estadounidenses instalados en la base.
Teherán también reconoció el ataque en Kuwait, contra la base aérea de Ahmad al Jaber. El objetivo: sistemas de comunicación satelital, depósitos y hangares de aviones de combate.
El jefe de seguridad iraní, Mohsen Rezaei, advirtió una «nueva estrategia». Busca, según sus palabras, «destruir sus cimientos».
La ofensiva iraní se produce después de que Estados Unidos retomara ataques contra objetivos en Irán. Washington justificó los bombardeos como medida para impedir que Teherán colocara minas en el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos reconoció al menos 19 muertos en Irán.
Trump mantiene la amenaza de nuevos ataques. El secretario de Energía, Chris Wright, prometió una campaña de sanciones de «máxima presión absoluta» contra los socios comerciales de Irán.
Irán mantiene un bloqueo efectivo del Estrecho de Ormuz. Estados Unidos respondió con un contrabloqueo de los puertos iraníes.
Dos embarcaciones fueron hundidas en la zona. La autoría no fue reconocida oficialmente. Uno de esos ataques mató a dos marineros filipinos.
En Israel, el ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió que las fuerzas israelíes están preparadas para responder «con gran fuerza» si Irán ataca durante las próximas festividades judías.
El mapa del conflicto ya no se limita a Irán. La ruta energética más sensible del planeta queda expuesta a la lógica de la represalia. Para los mercados que dependen del Estrecho de Ormuz, cada nuevo frente abierto es un costo adicional que termina pagando el consumidor global.


