ARGENTINA (Pulso) — Donald Trump confirmó que revisa la posición de Estados Unidos sobre la disputa de soberanía en Malvinas. La vinculó con el apoyo que, según él, Gran Bretaña no brindó durante la guerra contra Irán.
Minutos después trascendió que Javier Milei dará esta noche un mensaje. Anticipó un «anuncio importante» sobre la disputa.
En Puerto Argentino la noticia generó rechazo. Teslyn Barkman, exlegisladora malvinense, dijo a LA NACION que Milei «manipula a Estados Unidos» para lograr apoyo. Sostuvo que el mandatario argentino no tiene plan económico propio.
James Peck, artista y tatuador local, calificó a Milei de «hipócrita» por su alianza con Trump y con Benjamin Netanyahu. Según Peck, los argentinos solo se unen cuando aparece la palabra Malvinas.
La tensión tiene respaldo económico. Malvinas, sin extraer aún petróleo de Sea Lion —previsto para 2028—, ya tiene un PBI per cápita cercano a US$111.000. Es ocho veces el de la Argentina. Esa riqueza proviene en gran parte de licencias pesqueras cobradas a flotas extranjeras, un beneficio obtenido tras la guerra de 1982.
Antes del conflicto, las islas eran pobres y dependían de la ayuda argentina. Un funcionario británico, Nicholas Ridley, había advertido en 1980 que Londres dejaría de financiar su supervivencia.
La hostilidad hacia los argentinos persiste: en un bar de Puerto Argentino, una foto de Leopoldo Galtieri cuelga sobre el urinario.
El reclamo de soberanía es un derecho histórico argentino, más allá de la incomodidad que genere en un archipiélago cuya prosperidad depende de rentas pesqueras y petroleras, no de producción propia. Que Washington reconsidere su posición, en momentos de alineamiento estratégico entre Milei y Trump, es un dato relevante para la política exterior argentina. Las críticas personales de isleños con intereses económicos en juego no cambian ese hecho.


