USA (Pulso) — El auditor estatal de Iowa Rob Sand fue directo. No quiere a Joe Biden ni a Kamala Harris haciendo campaña por él.
Cuando el periodista Jonathan Martin, de Politico, le preguntó si invitaría a Biden, Sand respondió: «No. ¿Puede siquiera hacer eso ahora mismo? Lo siento». Ante la misma pregunta sobre Harris, dijo: «No, gracias. Sigamos adelante. Necesitamos nuevo liderazgo».
Sand, candidato demócrata a la gobernación de Iowa en 2026, enfrenta al republicano Zach Lahn, respaldado por Trump. El presidente Donald Trump publicó en Truth Social el mes pasado: «Es mi gran honor respaldar al patriota America First Zach Lahn, un tremendo candidato para ser el próximo gobernador del maravilloso estado de Iowa».
El contexto pesa. Biden abandonó su candidatura presidencial de 2024 tras un debate ampliamente criticado. Respaldó a Harris, quien perdió las elecciones generales ante Trump. Cuando Al Sharpton le preguntó a Harris en abril si volvería a postularse en 2028, ella respondió «podría» y dijo estar «pensándolo».
La gobernadora republicana actual, Kim Reynolds, anunció el año pasado que no buscará la reelección.
Sand también aclaró su posición ideológica: rechaza el socialismo democrático y se presenta como moderado dentro de su partido.
Lectura editorial. El distanciamiento de Sand de Biden y Harris no es anécdota: es síntoma. El ala moderada del Partido Demócrata busca sobrevivir en estados donde el aparato progresista es lastre electoral, no activo. Iowa votó por Trump en 2016, 2020 y 2024, según la fuente. Sand lo sabe. La pregunta es si el rechazo a los rostros del partido alcanza para competir contra un candidato con el respaldo directo del presidente.



