NEPAL (Pulso) — Nepal comenzó a enterrar a las víctimas de la riada y alud que golpeó el norte y centro del país. El desastre ocurrió el miércoles pasado, cuando una avalancha de hielo, rocas y barro cayó desde el Himalaya.
La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres elevó el balance a 939 muertos en Nepal. Los desaparecidos en territorio nepalí descendieron a 3.925.
Sumando el Tíbet chino y la India, el total asciende a 955 fallecidos y 4.471 desaparecidos. En el Tíbet se registran al menos 16 muertos y unos 550 desaparecidos. En India se recuperaron tres cuerpos.
Uno de los focos del rescate son los túneles de instalaciones hidroeléctricas en la cuenca de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. Cientos de trabajadores continúan sin ser localizados allí.
Equipos de Nepal, India, China y Corea del Sur participan en las operaciones conjuntas. Más de 21.000 efectivos de seguridad trabajan en el terreno, apoyados por helicópteros y personal médico.
El Ministerio de Exteriores de Nepal confirmó que unos 590 ciudadanos de 39 países siguen desaparecidos. Más de 300 extranjeros ya fueron rescatados.
Miles de personas fueron evacuadas por vía aérea de las zonas más afectadas. Las autoridades la califican como una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente del país.
En desarrollo. Los equipos mantienen la búsqueda en zonas todavía inaccesibles.
La magnitud de la catástrofe expone un dato central: la infraestructura crítica, como las plantas hidroeléctricas, quedó atrapada junto a decenas de trabajadores. La cooperación entre cuatro países muestra que ante desastres de esta escala, la capacidad de respuesta estatal aislada resulta insuficiente. La reconstrucción exigirá inversión sostenida y coordinación regional, no solo asistencia de emergencia.


