REINO UNIDO (Pulso) — La Policía británica confirmó credenciales especiales para oficiales que se identifican como «género fluido». La práctica está confirmada en Leicestershire, Norfolk y Suffolk.
La medida permite portar más de una identificación oficial. El agente elige presentarse como hombre o mujer según cómo se sienta cada jornada.
La política proviene de una guía de 2018. La diseñó la organización Stonewall junto al Consejo Nacional de Jefes de Policía (NPCC). El documento ya fue retirado del sitio oficial del NPCC, según la investigación.
La revelación llegó por Hayley Dixon, corresponsal de The Telegraph, el 23 de agosto.
South Yorkshire se negó a aplicar la práctica. La fuerza citó «razones de seguridad», según el reporte.
El punto crítico: la ley penal británica exige que los registros exhaustivos —donde el sospechoso debe retirarse prendas— sean ejecutados por un oficial del mismo sexo biológico. Portar placas intercambiables complica ese requisito legal.
Chris Philp, portavoz de Interior de la oposición, calificó la medida de riesgosa: «Las fuerzas policiales no deberían permitir que los agentes cambien de género cuando les plazca. Esto pone en riesgo la confianza pública en la policía», dijo, según The Telegraph.
Harry Miller, exoficial y fundador de Fair Cop, fue más directo: «Permitir que un agente sea hombre un día y mujer al siguiente es una de las cosas más estúpidas que he oído».
Los protocolos de Norfolk y Suffolk permiten usar peluca, prótesis o fajas compresoras para la «confirmación de identidad de género». Prohíben además mencionar el nombre de nacimiento del colega.
Ninguna de las tres fuerzas confirmó si hay agentes activos patrullando con múltiples identificaciones. Norfolk dijo estar revisando sus políticas tras reveses judiciales recientes.
La confusión no es un detalle menor. Un ciudadano detenido tiene derecho a saber, con certeza, quién ejerce autoridad sobre él. Cuando la identificación depende del estado de ánimo del agente, la ley pierde terreno frente a la ideología.
El caso británico ilustra el costo operativo de subordinar procedimientos de seguridad a la corrección política. La transparencia policial, base de la confianza pública, queda a merced de una guía retirada por controvertida.


