RUSIA (Pulso) — Vladimir Putin recibió este sábado al dictador de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, en su residencia de Novo-Ogariovo. La visita fue no oficial.
El encuentro llegó tras una semana de intensa actividad diplomática en Moscú. Días antes, el responsable de Relaciones con los Estados del Vaticano, Paul Richard Gallagher, pasó cuatro días en Rusia. Se reunió con el canciller Serguéi Lavrov y con el asesor Yuri Ushakov.
Paralelamente, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó de manera sorpresiva a Moscú. Habló con jefes de inteligencia rusos. El Kremlin confirmó que no vio a Putin en persona, aunque el mandatario fue informado después.
Lukashenko habló de cooperación conjunta. «Moscú y Minsk afrontarán todas las dificultades juntos», dijo, según la reunión reportada.
Putin destacó los números económicos. El comercio bilateral llegó a unos USD 52.000 millones en el último año. En el primer semestre de 2026 habría crecido 12,5%, según el mandatario ruso.
Las inversiones directas rusas en Bielorrusia rondan los USD 4.500 millones. Hay cerca de 2.500 empresas con capital ruso operando allí, indicó Putin. El líder ruso pidió profundizar la cooperación tecnológica.
Bielorrusia es uno de los principales aliados militares de Moscú. Ha respaldado al Kremlin durante toda la guerra contra Ucrania.
La fuente aclara que la coincidencia temporal entre las visitas de la CIA, el Vaticano y Lukashenko no prueba una relación directa entre los hechos.
En desarrollo. El movimiento diplomático confirma algo que interesa a Occidente: ni el aislamiento sancionatorio ni la guerra frenaron la relación comercial entre Moscú y su satélite bielorruso. Las cifras que exhibe el propio Kremlin —USD 52.000 millones en comercio, USD 4.500 millones en inversión— desmienten el relato de una economía rusa asfixiada.
Mientras tanto, Washington mantiene canales abiertos con Moscú a través de sus servicios de inteligencia, incluso sin encuentro directo con Putin. La pregunta que queda abierta es qué margen real tiene la diplomacia occidental frente a un eje autoritario que sigue haciendo negocios pese a la guerra.


