ARGENTINA (Pulso) — Diputados dio media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El texto ahora pasa al Senado. Hasta su aprobación definitiva, el régimen legal vigente no cambia.
El proyecto reemplaza el mandato múltiple heredado de 2012. Le devuelve al BCRA una misión primaria: preservar el valor de la moneda. De aprobarse, quitaría la facultad de prestarle al Estado, adelantarle fondos y comprar deuda pública en el mercado primario.
El Gobierno defendió la iniciativa con un dato. Con el esquema actual, los adelantos transitorios habrían permitido girar al Tesoro una cifra equivalente a más del 80% de la base monetaria, según el oficialismo.
La oposición respondió que se pierden instrumentos para el empleo, las pymes y las economías regionales.
El proyecto también endurece la remoción de autoridades del banco. Destituir al presidente y al directorio exigiría causales específicas y dos tercios en ambas Cámaras.
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La media sanción no cierra la historia. Falta el Senado y, con él, la vigencia real de la reforma. Pero el mensaje de fondo ya quedó planteado: mientras el Banco Central pueda cubrir el déficit con papel, la disciplina fiscal sigue siendo un deseo, no una obligación.
Blindar al BCRA de la política de turno no garantiza por sí solo una moneda sana. Tampoco sustituye el equilibrio fiscal. Pero sí cambia los incentivos: el político que quiera gastar de más deberá pedir crédito, subir impuestos o recortar. Ya no podrá disfrazar la emisión de «política monetaria». Esa es, en el fondo, la diferencia entre una institución independiente y una caja al servicio del Tesoro.



