ARGENTINA (Pulso) — La suba de tasas en los mercados globales domina la agenda de ministros de Finanzas del G-20, reunidos en Carolina del Norte. Para el equipo económico argentino es un nuevo obstáculo.
La tasa del bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años subió a 4,80% anual. La de 30 años se mantiene arriba de 5,20%. Son los niveles más altos en al menos 15 años.
Japón también sorprendió. El rendimiento a diez años saltó al 3% anual, algo que no se veía desde 1996. El dinero barato quedó atrás.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que duplicará las compras de bonos desde la licitación del 9 de septiembre. Busca bajar tasas y subir paridades. El efecto, hasta ahora, se diluyó.
Para la Argentina, el riesgo país en 500 puntos básicos implica un rendimiento del 10% anual en dólares. Incluso volviendo a los 400 puntos de julio, el Gobierno debería convalidar un 9% anual. Insuficiente para colocar deuda afuera.
En la última licitación, el Tesoro no relanzó el Bonar 2029. Evitó convalidar una tasa cercana a dos dígitos. Salió solo con títulos en pesos de corto plazo.
El plan financiero presentado por Luis «Toto» Caputo ya contemplaba este escenario. Todas las fuentes de pago para 2027 dependen del mercado interno, compra de dólares y organismos multilaterales.
Hay, sin embargo, viento a favor. El petróleo se mantiene en USD 90, impulsado por el conflicto en el Golfo Pérsico. La balanza energética supera ya los USD 6.800 millones de superávit.
La soja también acompaña, a USD 480 la tonelada. Es una suba cercana al 25%, un incentivo directo para la próxima cosecha.
El escenario confirma algo que el mercado ya sospechaba: la vuelta al financiamiento externo no depende solo de la Argentina. Depende de una Reserva Federal y un mundo con tasas más altas por más tiempo.
La apuesta de Caputo —no exponerse a deuda cara y financiarse con recursos genuinos— luce, en este contexto, más prudente que forzada. El ingreso de dólares por comercio exterior, no por bonos, sostiene por ahora el esquema.



